Manifiesto de un mendigo

Vagando por las calles el hambre se sentó a comer conmigo,

unos cuantos días sin vida, otros nueve

sin saber del mar y su amarga/dulce orilla.

Búsquenme entre los muertos si creen que estoy perdido,

tal vez encuentren rastro de mis versos

o la eternidad de un silencio gritándole al hueco de mi pecho.

Desde el campo azul he vigilado el fértil cielo,

no para hundirme en el lodo del infierno;

sólo para llegar a donde los dioses no fueron.

Pongo en manifiesto que me he convertido en mendigo

para aprender de las calles y hacerme inmune a

la hipocresía

el frío sin cobija,

las mentiras.

No es casualidad que algunos hasta asmáticos nos hicimos

por correr y sofocarnos con el tiempo que nos violenta con los años.

Extraño los suspiros que me daban aliento

para agradecer sin dificultad que sigo aquí (si es que despierto).

Ya no puedo.

Ahora el hambre me ha perdido

me he quedado sin compañía para llorar lo aprendido

Por eso escribo, con tinta que los ciegos me han dado

para enseñarles lo que el mundo no quiere que vean.

De algo estoy seguro, hay verdad en mis mentiras

por cada cicatriz que abro es una letra que pongo en condena

Pero ¿Quién la paga? si nadie ha pecado tanto,

si eso fueran monedas creo soy el más afortunado

porque pago, pago y seguiré pagando

una deuda  por sanar la soledad de mis heridas.

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